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19 JUL. 2019

Sala 88 cumple 34 años de cooperativa teatral

Sala 88 cooperativa de teatro cumple, este sábado 20 de julio, 34 años de vida. “En los 80 constituir una cooperativa era lo más cercano a hacer la revolución”, recuerda Hugo Blotta, el presidente, haciendo un poco de historia del primer teatro cooperativo de la capital chaqueña.

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Como para explicar porque Sala 88 es una cooperativa Blotta se remonta a su infancia. “Me pasaba horas viendo como las hormigas, cual ejército disciplinado, una tras otra llevan sobre sus espaldas cargas superiores cinco veces a su propio peso, cuando las hormigas se encontraban con un impedimento topográfico yo les armaba un puente de palitos para que prosigan el camino hasta el hormiguero, entonces mi madre se ilusionaba y soñaba con que sería ingeniero de puentes, pero mi padre la contradecía “será cooperativista”, decía”, cuneta. Recuerda que la explicación de Don Blotta era que las hormigas trabajan solidariamente, para que todos tengan el sustento; hay otras hormigas que no recolectan pero mantienen el hábitat y otras que se ocupan de mantener la especie, “a cada una según su trabajo y cada cual según su capacidad” cooperativismo puro”.

Siguiendo con el relato, y las primeras apariciones del cooperativismo en su historia, el fundador de Sala 88 se remonta a 1966: gran inundación en el Chaco, “por ese entonces vivíamos con mi familia en una casa que nos prestaba la Caja popular de Crédito y vivienda, una propiedad inmensa poseedora de galpones aún más inmensos, los que sirvieron para almacenar la ayuda que el movimiento cooperativo nacional mandaba para los inundados”. En esas toneladas de ropa Blotta logró su primera camiseta de Boca. “Mi madre no quería que me la quede, “es para los que no tienen” decía, a lo que yo retrucaba: “yo no tengo y trabaje todo el día separando ropa. “Déjalo”, dijo mi viejo y volvió a repetir su frase favorita a cada uno según su trabajo y cada cual según su capacidad”. ¿Recuerda que ese día, mirando los fardos de ropa que llegaban lo interrogó “por qué mandan esto si no nos conocen?, a lo que él respondió “eso se llama solidaridad”.

“En esos galpones ensayaba un embatico grupo de teatro de los años 60 “El tablado” allí codo a codo todos trabajan por un objetivo común, yo los miraba y pensaba, si no puedo ser como Antonio Roma, voy ser actor”, cuenta y le termina de dar sentido a la anécdota.
La fundación de un teatro cooperativo
Los años 80 son para la argentina años emblemáticos y traumáticos: guerra de Malvinas, fin de la dictadura más sangrienta de la sangrienta historia argentina, “y allí estaba yo, recién casado y haciendo mis primeras armas en el teatro y un desafío inmenso junto a otros dos aventureros reflotar la única sala de teatro que por ese entonces tenía resistencia, el llamado Instituto de teatro cerraba sus puertas y nacía Sala 88 cooperativa de teatro, crédito, vivienda y consumo limitada”, recuerda.

“En los 80 constituir una cooperativa era lo más cercano a hacer la revolución”, agrega y explica que una fundación tiene un dueño y acá los dueños eran varios. Se pensó en una asociación sin fines de lucro, pero eso tenía una carga de hipocresía porque aspiraban a vivir del teatro, por ende, el lucro estaría presente. “El cooperativismo nos permitía retribuir a cada una según su trabajo y cada cual según su capacidad y la ganancia cooperativa dista mucho al lucro desmedido que impone el sistema capitalista”, aclara.

Los primeros doce años de la cooperativa fueron los años del aguante, de la resistencia, del sobrevivir a pesar de todo. “El karma de pagar un alquiler nos hermanaba en el trabajo y si bien el axioma que pregonaba mi padre “a cada una según su trabajo y cada cual según su capacidad”, muchas veces no se cumplía y ejercíamos lo que yo luego definiría como el cooperativismo utópico donde se repartía en partes iguales, aunque el trabajo no sea igual, nos permitió mutar de inquilinos a propietarios”, relató.
La historia de la cooperativa fue de la mano de la historia del país: aquel grupo de jóvenes y adolescentes de los 80 se convirtió en adultos, sobrevivieron a la inflación, a la hiper inflación, a tres cambios de moneda. “El año 2000 nos encontró en un inmenso terreno de 25 x 45 metros y el desafío de construir la casa propia. Los planetas acoplaban y se sanciona la ley 24.800, la ley nacional de teatro, ley que nos permite comenzara hacer realidad nuestro sueño. “El mundo aceleraba su órbita nosotros seguíamos en el cooperativismo, una doctrina del siglo 19”, dice como contando un logro y agrega: “el país se derrumba en sucesivas crisis y Sala 88 perduraba”.

Sobre su propia historia Blotta reflexiona que a Sala 88 nadie iba a ser cooperativista, iban porque querían ser actor y actrices, tomar o dictar un curso o ver una obra, “por eso nunca adoctrinamos el cooperativismo, lo ejercimos, logramos entender que “somos los dueños del medio de producción”, porque nuestro edificio, nuestro teatro es a los actores como la fabricas a los obreros”, explica. Y agrega que si hay fabrica hay trabajo, “pero en esta fábrica el capital principal es el trabajo sin plusvalía, si bien hay caras unas más visibles que otras, no hay dueños, hay socios, que aportan desde su lugar y reciben según su trabajo y cada cual según su capacidad, todos y todas, solidariamente, aportan en beneficio de todo; si nos va bien, nos va bien a todos y todas”.

Blotta cuenta que desde el comienzo se propusieron como objetivo que les crean que son actores y actrices aquí en el Chaco “y la continuidad era el camino, porque es lo que hace que la comunidad te adopte, te respete, te tenga en cuenta, te crea”. Pero señala que esa vida cooperativa tiene muchas facetas a tener en cuenta: “afuera hay un mercado que hay que conquistar, en ese mercado hay oportunidades y ese mercado nos enseñó que existen leyes, que nos crean obligaciones y nos otorgan derechos”. Explica en ese sentido que la gestión cooperativa se reflejará en vínculo con el público, en la temática, en el costo de la entrada y en la forma de comunicar. “El mercado manda, entonces ante la oferta habrá una demanda, mucha o poca, y es allí donde el temple cooperativo debe prevalecer, cuando la demanda es mucha, se traduce en éxito de público y por ende económico, y no hay conflicto, pero cuando la demanda se contrae, cuando el mercado se achica, estarán los que seguirán creyendo que “si nos va bien, nos va bien a todos, y si nos va mal no va mal a todos y estarán los que creen que saltando del Titanic podrán salvarse solos”.

“Según la Alianza Cooperativa Internacional existen en Argentina 12.970 cooperativas registradas que reúnen a casi 9.400.000 socios y dan empleo directo a más de 265.000 personas, desde hace 34 años nosotros somos una de ella”, resaltó orgullo Blotta para concluir la historia.

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